Éxtasis es una obra compuesta por varias piezas que tienen como denominador común las relaciones, los temores y el peso de las decisiones. De esta manera, nos encontramos con las historias del amor del agua en Marte (así de inédito, y así de bello), una pareja gay que se plantea hacer su primer trío, el dilema de una ex actriz porno, un actor famoso que recurre a una adivina para olvidar su amor (y de paso, encontrar su amor verdadero) y la solución de una pareja de lesbianas para tener un hijo.

Con texto de Alejandro Melero y dirección de Isidro Romero, todas las piezas están interpretadas por cuatro actores que mutan totalmente en cuestión de segundos: David Carrillo, Berta Hernández, Paco Rodríguez y María Cobos (que son distintos a los actores que aparecen en el vídeo al final de esta crítica, correspondiente a la primera temporada).

Éxtasis es sobre todo una comedia. O más bien varias comedias. Pero no solo cumple su función de hacer reir y entretener. Sus historias también nos hacen soñar, emocionan y plantean debates que seguro más de un espectador ya tuviera en la cabeza. Y eso es lo que, junto al buen hacer de todo el equipo, convierte a Éxtasis en una gran obra, porque además cada una de las historias tiene un enfoque y un planteamiento distinto y en todas se nota el trabajo bien hecho.

A nivel de recursos técnicos, en la obra se utilizan inteligentemente música, humo, luces, escenografía e incluso los espacios del teatro, ya que las piezas se desarrollan no solo en el escenario, sino también en el proscenio (el espacio que queda en el escenario por delante del telón cuando este está echado) y en el patio de butacas (en la delirante pausa de Rubiaco35, que paradójicamente es la que da título a la obra). Ese uso de los distintos espacios fue lo que más me llamó la atención en el aspecto técnico, porque permitía hacer todos los cambios de personajes, escenarios y vestuario de manera ágil.

Sobre la interpretación, los personajes son totalmente creíbles. Y eso a pesar de que el actor que en un momento dado hace de actor famoso enamorado de una actriz poco antes hacía de gay afeminado, o la actriz que hace de actriz porno un rato antes hacía de lesbiana. Al menos desde mi punto de vista, eso significa que la interpretación es buena.

Este es uno de los casos en los que todo fluye: una buena historia, con una buena dirección y producción, un uso eficiente y original de los recursos, y una buena interpretación en la que ningún actor desentona, son los elementos que hacen que recomiende esta obra.

Éxtasis ya está en su segunda temporada. Y no es para menos, ya que recoge el testigo de Clímax!, del mismo autor, que ya está en su quinta temporada y acumula más de 100.000 espectadores.

En resumen, Éxtasis es una historia totalmente recomendable para quienes gusten de la buena comedia pero también para los amantes de las historias románticas. Podéis verla los sábados en Teatro Alfil.

Crítica: Extasis


Con semejante título, es de esperar que Follamigas tenga la temática y tono que tiene. Y en ese sentido ya te digo que no defrauda. En este espectáculo, Toni Moog saca al escenario el tema de las relaciones «con derechos» sin cortarse el pelo, pero también hace un repaso a distintos aspectos de la sexualidad, incluyendo consejos tanto para hombres como para mujeres para ligar.

Follamigas arranca con una proyección en la que se nos explica qué es eso de las follamigas y las relaciones sin compromiso. Tras esta presentación, Toni Moog se pone en pie y arranca con un texto ágil en el estilo que le caracteriza y arrancan las risas.

En general, la impresión del monólogo es bastante buena. Aunque en determinados momentos puede herir las sensibilidades más sensibles (como es lógico y habitual en un monólogo sobre sexo que busca la provocación desde un punto de vista masculino y estrictamente heterosexual), su estilo tan descarado y sin complejos, cargado de palabrotas y cosas que desde luego no vas a escuchar en televisión, supone un soplo de aire fresco sobre la corrección política que a veces alcanza niveles preocupantes. A estas alturas, todo el mundo sabe que cuando vas a un monólogo sobre este tipo de temas no te puedes tomar las cosas por lo personal. Aún así, Toni Moog arregla las posibles ofensas (no me vayan a confundir, tampoco se trata de un aquelarre) interrumpiendo el monólogo a mitad de partido para dar paso a Eva Cabezas.

Eva Cabezas es todo un acierto. Con un humor algo más sutil que el de Toni Moog, pero sin dejar atrás el descaro y el lenguaje explícito, hace de contrapunto aportando su visión del tema desde el punto de vista de las mujeres. Especialmente hilarante es el momento en el que Eva da explicaciones a los hombres para que puedan cumplir eficientemente en las labores sexuales con las mujeres, así como su defensa de las curvas.

En resumen, Follamigas cumple con su misión, arrancando risas de principio a fin mediante un análisis sin complejos y explícito de las relaciones sexuales en la era digital. Desde luego hace reir, desconectar del ajetreo de la vida diaria (aunque no descartes la posibilidad de que te recuerde más de una experiencia vivida), y tiene algún golpe de efecto.

Si quieres reirte con un humor sin censuras, no apto para televisión, que ya lleva más de 50.000 espectadores, Follamigas es tu show. En el teatro Fígaro (c/ Doctor Cortezo, 5 — Madrid) los viernes, sábados y domingos hasta el 19 de marzo.

Crítica: Follamigas


Puede que te suenen... y, si no eres seguidor del hip hop, puede que no. Aunque es casi seguro que los has visto, aunque no les recuerdes por el nombre sino por sus actuaciones. El caso es que Brodas Bros lleva más de diez años por todo tipo de escenarios y ahora recala en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía hasta el 26 de febrero.

Surgidos en Barcelona en 2006, tras actuar en gran cantidad de países y también en platós de televisión, tanto como invitados como concursantes en talent shows, Brodas Bros celebra su décimo aniversario con este espectáculo que es un homenaje al propio grupo, pero también al público.

Brodas Bros - 10 años, es un espectáculo muy visual en el que el grupo muestra una recopilación de lo mejor de sus distintos espectáculos a lo largo de este tiempo. Precisamente por eso, por su caracter recopilatorio y de autohomenaje, la función carece de hilo conductor más allá de las presentaciones de los MC (maestro de ceremonias) a lo largo de la sesión. Esto, sin embargo, no desmerece. Lo que nos vamos a encontrar es una exhibición muy completa de street art: hip hop, rap, beatbox, coreografías impactantes que revisan distintos estilos (incluyendo su conocidísimo número con trajes de neón), grafitis, alguna sorpresa... Todo ello completado con la participación del público en diversas formas y artistas invitados.

Desde que entras en la sala, antes de la hora de arranque del show, un DJ se encarga de amenizar la sala para ir caldeando el ambiente. Y, cuando se apagan las luces, empieza el espectáculo con un breve repaso a sus diez años de trayectoria y una invitación a la participación del público para que entre en la dinámica de fiesta que sería el objetivo final.

Hay que destacar el sentido del espectáculo que tienen los integrantes de Brodas Bros. Toda esta exhibición que he comentado se desarrolla de manera muy eficiente gracias al uso de varios recursos. Juegos de luces, que según el momento se acercan más a la dinámica de un gran concierto, proyecciones en vídeo, implicación del público, gags... Y, por supuesto, las coreografías, que son la base de Brodas Bros.

Mención aparte merece la música, omnipresente durante todo el espectáculo. Además del DJ, tenemos un saxofonista (que toca otros intrumentos de vientos) y un baterista (que también toca otros instrumentos de percusión) que aparecen en momentos puntuales. Estas apariciones y desapariciones ayudan a dar dinamismo al show, alcanzando momentos álgidos cuando se complementan con otros músicos a través de proyecciones.

¿Recomiendo el espectáculo? En mi caso particular, que más que mayor soy antiguo, reconozco que no conecté del todo con la dinámica del espectáculo. Pero mi trabajo aquí no es dar mi opinión personal basada en mis propias preferencias (que no es relevante ni en mi casa a la hora de comer), así que me quedo en el reconocimiento a un trabajo bien hecho, con buen ritmo, buenos recursos técnicos y escénicos, muy visual, que consiguió poner en pie al público de una sala abarrotada siguiendo el ritmo.

Los amantes del street art podrán disfrutar, sin duda, con esta exhibición que se representa en Teatro de la Luz Philips Gran Vía hasta el 26 de febrero.

Crítica: Brodas Bros - 10 años


Si una crítica debe ser sincera (o al menos eso pienso yo), debo empezar esta reconociendo que fui a ver esta obra por compromiso. Me invitaron a verla y, tras un rápido vistazo a la sinopsis, llegué a la torpe conclusión de que se trataba de una adaptación de un drama griego, de esas que tan de los nervios pone a Javier Marías. Incluso tuve la osadía de pedir disculpas por adelantado a mi sufrido (por lo de aguantarme) acompañante. Me equivoqué.

Debo (quiero) decir en mi descargo que, como ya he comentado en otras ocasiones, me gusta ir a ver las obras sin saber mucho de ellas, libre de prejuicios y opiniones externas. Lo cual no deja de ser paradójico, porque mi trabajo en Somos Teatro consiste en ofrecer esa opinión... y porque a esta fui con prejuicios muy equivocados (como casi todos los prejuicios). Afortunadamente, mi error acabó derivando en una más que grata sorpresa.

Clamor de Clitemnestra es una obra que habla sobre la mujer en distintos aspectos: la mujer condenada, la mujer refugiada, la mujer invisible... y la mujer que clama por limpiar su nombre, y el de todas las mujeres, en la Historia. Y esto con una única actriz en el escenario, Natalia Moya, que llena el escenario con su dolor y su esperanza, y cautiva al público gracias a una excelente interpretación y un texto potente. Porque Natalia, con su interpretación, con tan solo una mirada, consigue que cuando Clitemnestra busca la compasión el público se apiade, y cuando expresa su furia al espectador se le hiele la sangre.

Desde que entras en Teatro del Arte te das cuenta de que se han cuidado los detalles. Aún no te has sentado y ya lo ves y lo oyes. La puesta en escena, aparentemente simple pero cuidada, es impactante. Parece una simple pared hecha con cajas de cartón. De hecho lo es. Pero la atmósfera está tan bien preparada... Visualmente, el humo y el juego de luces a través de las cajas, te introducen de bruces en el Hades en el que deambula, desterrada, Clitemnestra. El sonido, limpio y sutil, te acaba de situar en una gran ciudad, el Hades actual en el que la protagonista está desterrada y que bien podría ser el túnel de Plaza de España en el centro de Madrid, completando la escenografía con maestría.

Y entonces sale ella, Clitemnestra, reclamando su espacio y su reinado de cajas de cartón que recoje y prepara de la basura. Y lo hace utilizando tres hilos argumentales: su propia historia (que es la del fin del matriarcado), la gestación mes a mes, y la historia de tres mujeres actuales que están unas calles más allá y que no podemos ver, pero que el público siente como si estuvieran allí. Tres mujeres que, al igual que ella, están desterradas y desarraigadas: inmigrantes que cruzaron la frontera, víctimas de los hombres, que han perdido hijos. Mujeres que, como la protagonista, también son invisibilizadas y prejuzgadas. Mujeres que ni siquiera comparten el mismo idioma, pero consiguen comunicarse entre ellas mediante gestos y crear un vínculo de mutuo apoyo.

Jugando hábilmente con estos tres hilos, al tiempo que desmonta y reconvierte el escenario de cajas con el apoyo de hábiles recursos de iluminación, sonido y algún golpe de efecto, Clitemnestra nos va contando su historia. Porque es un personaje mitológico que carga con el estigma de ser "perra vengadora, perversa, viuda negra ponzoñosa, asesina", pero en realidad es una mujer, una madre, que intentaba hacer justicia para apaciguar su dolor. Ella misma lo dice: "Todo lo que yo hice estaba permitido a los hombres. Ese fue mi verdadero crimen". No voy a ahondar en la figura de Clitemnestra porque la Wikipedia ya está inventada y porque, sobre todo, es mucho mejor descubrirlo viendo la obra, en la manera dosificada en que lo hace Natalia.

Luis Quinteros, que firma el texto y dirige la obra, trabajó a fondo con Natalia Moya hasta llegar a un libreto que conmueve y emociona, a raiz de unos estudios de ella sobre la figura de Clitemnestra... y su indignación por cómo este personaje era tratado históricamente. Desde luego, pueden darse por satisfechos porque con esta obra han conseguido hacer no solo justicia al personaje mitológico, sino crear ese tipo de arte que se disfruta y se agradece.

En resumen, Clamor de Clitemnestra es una obra altamente recomendable. Vayan a verla, pero dense prisa porque la última función en Teatro del Arte es este viernes 10 de febrero.

Crítica: Clamor de Clitemnestra


Ya he dicho alguna vez que cuando voy a ver una obra de teatro para hacer una reseña me gusta ir con la mente en blanco. Por eso, la primera vez que vi esta obra solo sabía que La voz hermana trataba el tema de la transexualidad y que ya tenía una trayectoria en diversas salas con una buena acogida. En mi mente guardaba el pensamiento de que sería una buena obra, y mi único recelo era si tal vez no sería demasiado dramática, como podía ser de prever con un solo actor en el escenario y un tema tan complejo como delicado envolviéndolo todo. Me quedé corto.

La voz hermana nos presenta a Natalia en un momento muy importante de su vida. Dejando atrás el Luisito de su juventud para visibilizarse como la Natalia que siempre fue, y como parte del tratamiento, la psicóloga le ha aconsejado visitar a su hermana vestida de mujer. Ese momento de gran presión para ella, en el que se junta emoción, ilusión y mucho miedo, sirve de catarsis ante un público que atiende a la narración de su historia.

En realidad la historia de Natalia no es muy distinta a la historia de muchas transexuales: una infancia y juventud marcadas por traumas, sueños, inquietudes, prejuicios, fallidos intentos de corrección… y una personalidad fuerte que lucha por ello y consigue liberarse con una fuerza que a veces flaquea pero siempre sale adelante. Aquí se nota la solidez del texto y dirección de Pablo Vilaboy, que nos mete dentro de esta historia compleja alejándose de una narración convencional e involucrando al público en la trama a través de las relaciones de la protagonista con distintos familiares, tanto vivos como ya fallecidos. Cuando Natalia ya se ha liberado, o al menos exteriorizado, de esos fantasmas de su pasado, es cuando vemos a la protagonista afianzarse más en sí misma y, sobre todo, hacerse dueña de su propio destino.

Ya he dicho que el texto (y la dirección) de Pablo Vilaboy es sólido. Y por sólido me refiero a un texto brillante que mantiene al público en vilo constantemente, con un excelente control del ritmo que nos lleva por distintos estados emocionales. Sin embargo, por lo que brilla esta obra es por la suma de talentos en la que es indispensable Alejandro Dorado. Su interpretación gana al público en los dos primeros minutos y este queda cautivo de su talento hasta el final, en el que se produce una gran ovación más que merecida. Provoca una tensión en el público tal que, cuando se produce algún momento cómico (que también lo hay), no se corresponde con la carcajada esperada porque el público está con un nudo en la garganta. En mi caso personal, tardé unos minutos en poder articular palabra tras salir de la función porque sabía que de abrir la boca se escaparía el llanto y, ya se sabe: los hombres no lloran.


En este tipo de temáticas siempre nos encontramos con alguien que dice “esto es solo para transexuales”. Y no niego que a una persona transexual intuyo que esta obra le llegará muy hondo: si yo mismo conseguí sentirme identificado con distintos momentos de la obra, ¿cómo no va a sentirse identificada una persona trans? Pero La voz hermana es una realidad narrada en primera persona para todos los públicos, y más para quienes no son transexuales, pues gracias a obras como esta es como se consigue algo tan importante para convivir en sociedad como es ser capaces de empatizar con quienes no somos nosotros. Esto aparte de que, como ya he dicho en otras ocasiones, el arte es para disfrutarlo al margen de etiquetas y prejuicios.

Todavía estás a tiempo para disfrutar de La voz hermana… ¡Pero no te lo pienses mucho! Tras haber pasado por distintas salas, ha recalado en Teatro de las Aguas (c/ de las Aguas, 8 — Madrid) los sábados de febrero a las 18:30h. Todavía no sabemos si habrá más funciones, el teatro off tiene esa desgracia de la temporalidad extrema, pero desde estas líneas expreso mi sincero deseo de que La voz hermana tenga por delante un largo recorrido, pues aparte de ser teatro del bueno cumple con una labor social muy necesaria.

Crítica: La voz hermana


Quizá lo que más me sorprendió de Cómo seducir a un hetero, el monólogo, fue el hecho de que está anunciada como un «curso» para que los gais aprendan a seducir heterosexuales y sin embargo en la sala había gran cantidad de parejas heterosexuales y mujeres. Al ver esto en el vestíbulo del Teatro de las Aguas pensé que resultaba curioso cómo algo tan abiertamente gay era aceptado por un público tan variopinto, en el que incluso había un par de señoras de avanzada edad. Pero luego entras en la sala, te encuentras con el actor Ángel Perulero en actitud desafiante, ya metido en el papel de profesor de esta curiosa master class, y al apagarse las luces y dar comienzo la función te das cuenta de por qué esta obra lleva tres meses en cartel y seguirá más tiempo... ¡Es jodidamente buena!

Cómo seducir a un hetero, el monólogo, es un discurso hilarante en la que se le da la vuelta a todos los estereotipos de identidad y género. Con texto de Diego Manuel Béjar, autor de la novela homónima, se presenta la «realidad» del mundo gay desde el punto de vista de los heterosexuales, para a continuación presentar al heterosexual como un objeto de estudio desde el punto de vista de los gais, rematando la faena con la explicación de un «método» para la interactuación de esos dos mundos que al final no son tan distintos.


Esta clase consiste en cuatro lecciones: La seducción en el mundo gay; El hetero, ese desconocido; Ventajas de seducir a un hetero; y El método. Pero es que cada una de esas unidades «didácticas» no solo está cargada de humor ácido, tomando los estereotipos como ciertos y dándoles un toque académico para evidenciar su ridiculez, sino que además se aderezan con distintos recursos como láminas y una pizarra gigante de fondo que sirven de soporte.

Ángel Perulero muestra su destreza como actor manteniendo el ritmo durante casi hora y media. Hay que tener en cuenta que no se trata de una stand-up comedy en la que un cómico cuenta sus chistes más o menos hilados, sino que es un actor interpretando el papel de un profesor prepotente que va evolucionando y abriéndose al público conforme avanza la obra hasta llegar a la gran confesión final. Su capacidad para mantener la atención del público, sus cambios de registro (impresionante la parodia de El diario de Patricia donde interpreta cuatro personajes distintos en apenas dos minutos), además de su gracia innata, hace que el público se enganche a un texto que tiene varios giros y más de una sorpresa. Cuando ves una obra de teatro no es habitual que, como me pasó en la función a la que asistí, un espectador se gire para comentar a su acompañante: «qué bueno es el jodido».


El texto es gratamente sorprendente. A pesar de apoyarse en estereotipos amplicamente conocidos, está cargado de humor original con un toque de resentimiento y elevadas dosis de irreverencia sin llegar a caer en el mal gusto. Hay momentos especialmente hilarantes como cuando se describen los cuartos oscuros (que se comparan con un espectáculo de Leticia Sabater y se ejemplifican con la participación de CSI Miami), la descripción que se hace del hetero y el por qué de su atractivo, o la coreografía a usar para seducir a un hetero. Pero esto son solo tres ejemplos porque la obra provoca risas entre el público, incluso aplausos espontáneos, desde el principio hasta el final, y según estoy escribiendo esto me vienen a la memoria otros momentos que me arrancaron la carcajada, como la sevillana mariliendre o el método para ligar en el ambiente en solo dos pasos. Eso sin hablar del giro final del que no se puede hablar pero que sorprende.

Otra cosa a destacar de Cómo seducir a un hetero, el monólogo, es la cantidad de recursos que se utilizan. Además del material de apoyo empleado (pizarra, láminas y distintos objetos), hay partes en las que el público participa, una canción original desternillante, una coreografía, cambios de registro, cambios de luz... Gracias a ello, la casi hora y media que dura el espectáculo no se hace larga.

En resumen: un espectáculo muy recomendable para todo tipo de públicos (adulto, eso sí).

Cómo seducir a un hetero, el monólogo, se representa todos los sábados a las 18:30 en Teatro de las Aguas (Madrid).

Crítica: Cómo seducir a un hetero, el monólogo


Sobre unos textos de Ariel Capone, conocido por haber publicado varias novelas y su autoría sobre diversas piezas de teatro en distintos formatos, y con la dirección de David Carrillo, que tras su paso por distintas series, programas de televisión y películas españolas desde bien niño da el paso a la dirección teatral, llega al Teatro de las Aguas la obra Shock! Nada es lo que parece…

No vamos a contar de qué va la obra, porque la gracia de la misma es dejarse llevar por estas cinco piezas de teatro independientes hábilmente unidas por un ingenioso hilo conductor. Lo que sí que debes saber es que se trata de una divertida comedia en la que cuatro grandes actores (Lara de Miguel, Susana Garrote, Manu Soler y Nacho Brande) se alternan para interpretar distintos personajes en situaciones totalmente dispares. Gracias a su buena interpretación, el espectador se sumerge rápidamente en cada una de las historias que componen Shock!.


Una madre y su hijo que se encuentran en un reality de televisión (programa que sirve de hilo conductor), una pareja que en su aniversario se reconoce insólitos secretos (historia en la que servidor, que es muy retorcido, ha visto una crítica a la hipocresía que demasiadas veces sale a relucir en redes sociales), la competencia entre dos hermanos mellizos llevada al extremo, una pieza donde el erotismo se convierte en comedia y termina en alegato feminista, y la rivalidad entre dos mujeres unidas por la casualidad. Todo esto forma Shock! Nada es lo que parece… Y, como anuncia el propio título, en ninguna de esas cinco historias nada es finalmente lo que parece, porque cada una de ellas destaca por un giro ingenioso y tronchante que capta por completo la atención de un espectador que se ríe sin reparos ante situaciones que a veces no son tan ajenas en la vida real.


Todo funciona en Shock! Nada es lo que parece... Unos textos ingeniosos, una buena dirección, intérpretes de comprobada solvencia (con experiencia en series de televisión y musicales, y se nota), creatividad y diversión hasta en los cambios de escenario, iluminación simple pero muy efectiva, incluso la manera de utilizar la decoración para crear escenarios completamente distintos con los mismos elementos. Todo fluye correctamente para que al salir de la sala tengas ese buen sabor de boca de haber visto buen teatro y de haberte reído con una obra que no cae en los estereotipos ni el humor fácil.

La cita es los sábados en Teatro de las Aguas (Madrid) a las 20:30h.

Crítica: Shock! Nada es lo que parece...


Debo confesar que, siempre que puedo y si nadie me hace spoiler, me gusta ir al teatro con la mente en blanco. Esto significa que intento no leer ni la sinopsis, y mucho menos reseñas como esta que estoy dispuesto a compartir con la respetable audiencia de este noble medio. Tengo mis razones: si voy a contaros mis impresiones de una obra, quiero que estas sean «vírgenes» y no estén influenciadas por otros. Por esta razón, cuando asistí a la función de Redecoración, lo único que intuía en base al propio cartel y el título en sí era que... iba de una redecoración. Y sí, va de eso... o no.

Tras un inicio en bucle (ya lo entenderéis cuando lo veáis) tan surreal como gracioso, solo con la iteración de la escena quedan claras dos cosas: que tenemos dos protagonistas muy orgullosos (y llenos) de sí mismos y que esperan a un tercero. Y, efectivamente, el matrimonio compuesto por Chus y Félix están a la espera de la hermana de ella. Rápidamente descubrimos el núcleo narrativo de la obra: una cena en la que pretenden enseñar a su invitada la pomposa redecoración de su casa. Como quiera que el matrimonio conservador (para rizar el rizo, él trabaja en el sector inmobiliario) pretende exhibir con orgullo e incluso cierta parafernalia sus logros (pasando de la redecoración en sí a su propia vida y hasta sus hijos, que han despachado convenientemente para que no molesten en la cena), y la invitada es de ideología contraria, ecologista, trabaja en una ONG, vive de alquiler y no planea tener hijos, el conflicto está encima de la mesa antes que las propias viandas. Efectivamente, una vez redecorada su casa, el matrimonio tiene planeado redecorar la vida de su invitada porque, obviamente (para ellos), es la hermana díscola la que se empeña en ir a la contra. Todo esto, además, aderezado con el final de la Eurocopa en la que España se juega el título como fondo.

Se trata de una obra dirigida por Jesús Asensi, quien se encargó de adaptar esta obra inspirada en otra del ya fallecido Václav Havel, dramaturgo y expresidente de la antigua Checoslovaquia. La interpretación, a cargo de Virginia Jabón, Lidia Navarro y el propio Jesús Asensi, es muy correcta. Al principio parecía que la interpretación del matrimonio estaba algo impostada, pero luego me di cuenta de que venía dado por los personajes. Justifico mi error en que es una obra que va de menos a más, con personajes y situaciones que evolucionan lo cual es bueno porque contribuye a mantener el interés y deja con buen sabor de boca. La tensión que tienen ellos al principio (y que me pareció impostada) va pasando a la hermana y conforme esto sucede el matrimonio se va relajando más. El humor también va evolucionando conforme se desarrolla la trama, y partiendo de un humor más figurativo se acaba llegando a otro tipo de humor en el que todo fluye y todo contribuye a arrancar la risa.

En definitiva, Redecoración es una obra que te hace reir, pero que al mismo tiempo te deja un mensaje, una crítica a cierto tipo de personas y comportamientos sociales afectados por la propia política. Al menos yo me fui contento: me había reído con ganas (al final llega a haber momentos tremendamente hilarantes, como cuando el matrimonio se empeña en mostrar sus técnicas para mantener la chispa del amor) y ya en la calle pude dedicar mi tiempo a reflexionar sobre el mensaje social implícito. Lo que yo llamo el pack completo.

Redecoración se puede ver en el Teatro Alfil (Madrid) los miércoles a las 20:00h.

Crítica: Redecoración


Vivir en pareja no es fácil, y menos cuando las cosas vienen en contra. Se hace necesario exteriorizar las necesidades, las carencias que van apareciendo en la relación, y solo se puede llegar a buen puerto con sinceridad y algo de negociación. Eso es lo que le pasa a la pareja protagonista de De repente... un tranvía sobre el tejado de zinc caliente formada por Paca (interpretada por Amanda Cano) y Pepe (interpretado por Luis Escobar, con una experiencia de décadas en los escenarios y autor del texto).

La comedia suele nacer del drama, y esta obra, con dirección del experimentado y reconocido Andrés Alemán, no es una excepción. El conflicto se expone desde un primer momento con la pareja compuesta por Paca y Pepe. Él es un actor frustrado a la caza del casting que le dé la oportunidad que considera que se merece, tan centrado en su carrera y aferrado a sus viejos «éxitos» como ajeno a las tareas de la casa y distante en la relación. Ella, mucho más práctica, trabaja de enfermera para sacar adelante la casa y está resentida por una relación de pareja en la que ella ha tenido que renunciar a todo: tener los hijos que desea, el sexo, e incluso el amor.

En una intensa conversación en el salón de la casa, ambos se mostrarán mutuamente sus carencias al mismo tiempo que exhiben al público sus personalidades con divertidas situaciones cómicas. Aunque envuelto en una densa capa de humor, el espectador se deja llevar por el texto (hábil, por cierto) gracias a la buena interpretación de los actores, hasta llegar a una sorprendente solución a todos sus problemas en la que sacar partido a aquello para lo que Pepe está realmente dotado.

Sin duda, una buena noche de teatro para amantes del humor que todavía estás a tiempo de ver: los sábados a las 23:00h. en la sala Azarte, en pleno corazón de Chueca (Madrid).

Crítica: De repente... un tranvía sobre el tejado de zinc caliente


«Una noche de tormenta, Antoñita, la criada de Los Physsen, encuentra un curioso libro con relatos de terror. Como ya lo tiene todo limpio, decide sumergirse en la lectura y adentrarse en los mundos de estas historias...». Esto es lo que nos cuentan como introducción de Terror y Feria. Lo que no te cuentan, pero lo deduces porque en el fondo eres listo, es que con semejante título y viniendo de Benja de la Rosa el humor está garantizado.

Antoñita, la criada, es el hilo conductor para una serie de historias de terror en las que se exploran diferentes estilos, desde el terror más clásico hasta el terror travesti, incluyendo una historia que es mi favorita en la que se lleva al terror la obsesión por la fama en las redes sociales. Y vuelvo a repetir lo de siempre: que es muy complicado contar lo que vais a encontrar, porque la gracia es que vayáis a verla y os sorprenda como me sorprendió a mí. Solo os puedo decir que Terror y Feria es justo lo que parece: terror con un toque (generoso, abundante) de feria. O algo intermedio. O, en cualquier caso, un espectáculo en el que te ríes con historias de terror.

Bajo la dirección de Benja de la Rosa, que también firma el texto, los actores Carolina Herrera y Jaime Reynolds resuelven todas las historias de la obra, incluyendo las transiciones, de manera divertida y original. Sin desmerecer el buen trabajo de Jaime, para mí Carolina ha sido todo un descubrimiento por su vis cómica. Ignoro si esta impresión personal se debe a que Carolina tiene más peso y carga humorística en la obra, o si precisamente su mayor protagonismo es una decisión del autor precisamente por esa capacidad para el humor. Resulta especialmente desternillante el momento en el que Carolina, sin dejar de interpretar el texto, se esconde detrás de una cortina para cambiarse y poder dar paso a la siguiente pieza.

En resumen, Terror y Feria es una obra que combina humor y terror y que, además, y sin ánimo de hacer spoiler, muy hábilmente introduce un mensaje para la reflexión.

Terror y Feria se representa los jueves de enero en Teatro de las Aguas (Madrid). ¡No dejes pasar la ocasión!



Crítica: Terror y Feria