Ayer se estrenó en Madrid el espectáculo Berto Romero sigue con nosotros, en Teatro de la Luz Philips Gran Vía. Tras pasar exitosamente por distintas ciudades de España, por fin recala en la capital durante unas semanas.

Berto Romero no necesita presentación. No porque no la merezca, sino porque es de sobra conocido. Esto es un arma de doble filo, porque cuando uno va a un espectáculo de Berto Romero tiene las expectativas bien altas, aunque solo sea porque verle en televisión es gratis (ahora ya no tanto) y en un teatro hay que pagar entrada. Pero las cumple, y bien cumplidas.

El show comienza con una proyección en la que se hace un falso biopic (en el que se rescatan imágenes reales de actuaciones suyas, pero se entremezcan con cómicos testimonios falsos y escenas creadas para la ocasión) para ponernos en contexto. Tras hablar de su meteórico ascenso en el mundo de la fama, se nos cuenta que su personalidad prepotente le llevó al fracaso y ahora vuelve a los escenarios. Esta proyección, en realidad, no tiene nada que ver con lo que vamos a ver después, pero es tremendamente graciosa (sobre todo lo relativo a cómo se organizaba su familia para darle palizas cuando era niño, con el testimonio de su madre) y permite que cuando Berto sale al escenario el público ya está riendo y más predispuesto aún a rendirse ante su peculiar humor.

Berto Romero sigue entre nosotros es un stand-up comedy, Desde que sale al escenario Berto se pone a hablar de distintos temas: los hijos, la familia, los genitales, el amor... y también habla de su nariz, que ahí está. Todo ello con su estilo personal, en el que puede decir las burradas más grandes e incluso interactuar con el público (pero sin sacarlo al escenario, porque «no soy un puto mago»), sin llegar al mal gusto zafio de otros cómicos. Es capaz de encadenar metáforas sobre la penetración anal durante varios minutos, o incluso hacer un monólogo sobre las diferencias entre penes y vaginas, sin caer en lo soez. Bueno: no es que sea capaz, es que lo hace en este espectáculo. Por eso no es recomendable ir con niños... ni con perritos yorkshire.

Aunque se trate de un one-man-show, Berto no está solo en el escenario, ya que le acompaña Iván Lagarto a la guitarra. Ambos interactúan (e incluso discuten) para deleite del público, y sobre todo ejecutan varios temas musicales a cual más descacharrante. Tal vez tengas claro quién es Berto, pero no terminas de ubicar a Iván Lagarto. Bien, pues El Lagarto es el artífice de vídeos virales que seguro habrás visto en distintos programas de televisión (especialmente autotunes con famosos y sobre todo políticos). El día que descubrí su canal de Youtube perdí toda la tarde. En este sentido hay que señalar el acierto de complementar los momentos musicales con proyecciones especialmente hechas para la ocasión, y especialmente la del tema Te quiero normal.

Poco más puedo decir. Como ya comenté al principio, Berto Romero es de sobra conocido, y cualquier cosa que añada solo serían spoilers innecesarios, porque la gracia es verlo en directo. Si no estás muerto, Berto Romero te hará reir. Resulta imposible no caer en la carcajada. Por supuesto, como dice Berto al inicio del espectáculo, no es algo que cuando salgas del teatro pienses que te ha cambiado la vida. Pero te vas a reir, y mucho.

Si te gustan los monólogos, Berto Romero sigue con nosotros es una excelente elección. En Teatro de la Luz Philips Gran Vía hasta el 18 de marzo.

Crítica: Berto Romero sigue con nosotros


Estrógenos es una divertida comedia de mujeres escrita y dirigida por David Areces y protagonizada por Cristina Esteban, Elena Gómez y Sonia Reig. Y atención porque cuando digo divertida comedia me estoy quedando corto.

En Estrógenos vamos a vivir una noche de mujeres a través de tres escenarios distintos (por cierto, con una escenografía adaptada a los requisitos del off pero muy eficiente, sin artificios y demostrando que menos es más). ¡Pero qué mujeres! Una interesante combinación de personalidades, con momentos personales y edades, van sacando a la luz conforme avanza la función sus propios complejos, frustraciones y secretos, con todo tipo de situaciones y comentarios descacharrantes que provocan continuamente la carcajada.

Al comenzar la obra yo estaba un poco receloso. Ya saben que uno no es buen crítico si no está amargado. Dos chicas en el escenario, hablando mientras toman té... ¿Va a ser una obra de dos mujeres hablando y ya? Pero me engañaron. Solo estaban haciendo una primera presentación rápida de personajes para enganchar al espectador en una trama en la que desde el principio se percibe que hay cosas que no se están contando pero ya saldrán a la luz. Tan pronto entra la tercera actriz, completando el elenco en el escenario, se crea el primer conflicto evidente, sumándose al problema presentado desde el principio, y la historia se acelera yendo hacia arriba todo el tiempo, sin altibajos.

Estrógenos tiene toda la gracia de una comedia de mujeres bien escrita y bien interpretada. Tiene la capacidad de provocar la carcajada cómplice de las mujeres y la risa sorprendida de los hombres. Porque las mujeres, cuando no hay hombres heterosexuales delante, son muy así. Por alguna razón, me viene a la cabeza la serie Sexo en Nueva York (la serie, no la película). Y ni el diseño de personajes ni la trama (ni la ambientación) tienen nada que ver, pero sí quizá la frescura de las primeras temporadas. O, dicho de otra forma, es como si la película de Sexo en Nueva York la hubiera escrito alguien con talento y en estado de gracia.

En Estrógenos tenemos picardía, un poco (o bastante) de mala leche, celos, exaltación de la amistad, karaoke, secretos y confesiones, giros argumentales... Y lo mejor de todo es que sales con esa sensación de felicidad que te deja la comedia bien hecha, y con la mente cargada de momentos y frases memorables de la obra. Que quisiera destacar alguno de esos momentos para ir abriendo boca, pero estaría tentado de contar punto por punto todo el tercer acto (ya os digo que la obra va aumentando en intensidad conforme avanza) y eso no puede ser.

Comentario aparte merece el broche final, del que nada contaré porque la gracia es que sorprende. Solo diré que es un final perfecto para convertir una comedia perfecta en todo un espectáculo y desata los aplausos desmedidos de una sala llena de público agradecido. Aplausos a los que quien firma estas líneas se sumó con entusiasmo (y un poquito de envidia sana).

Y, encima, las actrices (y el autor) son majas. Al terminar la función salen corriendo para hacerse fotos con los espectadores y charlar con ellos. Y se nota la naturalidad, la frescura, esas ganas de comerse el mundo (y, tras haber visto la función, la sensación de que van en ese camino), la modestia de los artistas de verdad... Eso por no hablar de ciertas revelaciones que comentan sin tapujos, como que muchas de las cosas que pasan en la obra están basadas en experiencias de ellas mismas («pero yo no soy virgen, ¿eh?», «¡chica, que tampoco hace falta que se lo cuentes a todo el mundo!»).

No lo dejen para más tarde. Estrógenos es una obra recomendada absolutamente para todos los públicos adultos que no solo te hará reir, sino que además te dejará por mucho tiempo el recuerdo de esas carcajadas y los momentos que las provocaron. Se puede ver todos los domingos en Teatro de las Aguas (Madrid).

Crítica: Estrógenos


No es lo que parece es... lo que parece. Con semejante título, uno se espera encontrar una comedia de enredo y eso es exactamente lo que se encuentra en esta obra con texto de Óscar Vélez dirigida por Israel Martín. Por si quedaban dudas, la trama consiste en dos parejas que descubren que todos han sido (o están siendo) amantes de todos. Que más o menos es lo que me pasa a mí cuando salgo por el ambiente, pero para los heterosexuales quizá sea algo más inverosímil. Y esto no lo digo como crítica negativa, al contrario, es de agradecer que cuando decides ir a ver una obra al final esa obra sea lo que parecía que iba a ser.

Protagonizada por Celia Medrano, Enrique Meléndez, Albano Matos e Ingrid Hernández, se trata de una comedia de enredo a la española, de las de cuernos y infidelidades. Tal vez por eso al público más joven, familiarizado con la fluidez de las identidades y la levedad de las relaciones 2.0, esta obra no le haga tanta gracia como al público que hacía cola para ver las obras de Lina Morgan en La Latina (por cierto, a escasos metros del Teatro de las Aguas donde se representa). No obstante, y aunque mi empeño por sentirme más en la línea del público joven sea algo impostado porque uno tiene la edad que tiene, la obra cumple su función como comedia y me mantuvo entretenido.

A lo largo de la función nos encontramos con giros, recursos ingeniosos utilizando juegos de luces, roturas de la cuarta pared en momentos puntuales, y sobre todo cuatro personajes intentando encontrar solución a la situación en la que mutuamente se han visto descubiertos. Todo esto da como resultado una función entretenida, con sorpresas, y que el espectador se involucre en la historia desconectando de su rutina diaria. Porque sí, desconectas de tu rutina diaria; si resulta que te sientes identificado en esta disparatada historia ya estás tardando en ir a Telecinco para vender tu testimonio.

No es lo que parece tiene ese toque de comedia de los noventa, pero modernizado sin pudor. No en vano, ese "todos han sido amantes de todos" lleva implícito relaciones sentimentales de carácter homosexual. Quizá ese fue el punto que me resultó más interesante en la obra, y el que más momentos divertidos proporciona, ya que los cuatro personajes tendrán que afrontar su propia realidad desde la perspectiva de cada uno e incluso intentan justificarse sin dejar de condenar al resto, que si han pecado de algo es de hacer exactamente lo mismo. A esto ayuda unos personajes bien diseñados que tienen distintos objetivos y particularidades (y distintas formas de afrontar la situación que se plantea). Desde la pareja de hombres que se asumen a distintas velocidades, a la pareja de mujeres en la que eso de asumirse está más afectado por la percepción social y religiosa, aunque luego según avanza la obra... nada sea lo que parece. O sí. Yo qué sé. Que bastante spoiler he hecho ya.

En resumen, No es lo que parece es una obra divertida que seguro hará las delicias de los amantes de la comedia de enredo, y puede verse los jueves en el madrileño Teatro de las Aguas al menos durante un par de semanas más.


Crítica: No es lo que parece


Éxtasis es una obra compuesta por varias piezas que tienen como denominador común las relaciones, los temores y el peso de las decisiones. De esta manera, nos encontramos con las historias del amor del agua en Marte (así de inédito, y así de bello), una pareja gay que se plantea hacer su primer trío, el dilema de una ex actriz porno, un actor famoso que recurre a una adivina para olvidar su amor (y de paso, encontrar su amor verdadero) y la solución de una pareja de lesbianas para tener un hijo.

Con texto de Alejandro Melero y dirección de Isidro Romero, todas las piezas están interpretadas por cuatro actores que mutan totalmente en cuestión de segundos: David Carrillo, Berta Hernández, Paco Rodríguez y María Cobos (que son distintos a los actores que aparecen en el vídeo al final de esta crítica, correspondiente a la primera temporada).

Éxtasis es sobre todo una comedia. O más bien varias comedias. Pero no solo cumple su función de hacer reir y entretener. Sus historias también nos hacen soñar, emocionan y plantean debates que seguro más de un espectador ya tuviera en la cabeza. Y eso es lo que, junto al buen hacer de todo el equipo, convierte a Éxtasis en una gran obra, porque además cada una de las historias tiene un enfoque y un planteamiento distinto y en todas se nota el trabajo bien hecho.

A nivel de recursos técnicos, en la obra se utilizan inteligentemente música, humo, luces, escenografía e incluso los espacios del teatro, ya que las piezas se desarrollan no solo en el escenario, sino también en el proscenio (el espacio que queda en el escenario por delante del telón cuando este está echado) y en el patio de butacas (en la delirante pausa de Rubiaco35, que paradójicamente es la que da título a la obra). Ese uso de los distintos espacios fue lo que más me llamó la atención en el aspecto técnico, porque permitía hacer todos los cambios de personajes, escenarios y vestuario de manera ágil.

Sobre la interpretación, los personajes son totalmente creíbles. Y eso a pesar de que el actor que en un momento dado hace de actor famoso enamorado de una actriz poco antes hacía de gay afeminado, o la actriz que hace de actriz porno un rato antes hacía de lesbiana. Al menos desde mi punto de vista, eso significa que la interpretación es buena.

Este es uno de los casos en los que todo fluye: una buena historia, con una buena dirección y producción, un uso eficiente y original de los recursos, y una buena interpretación en la que ningún actor desentona, son los elementos que hacen que recomiende esta obra.

Éxtasis ya está en su segunda temporada. Y no es para menos, ya que recoge el testigo de Clímax!, del mismo autor, que ya está en su quinta temporada y acumula más de 100.000 espectadores.

En resumen, Éxtasis es una historia totalmente recomendable para quienes gusten de la buena comedia pero también para los amantes de las historias románticas. Podéis verla los sábados en Teatro Alfil.

Crítica: Extasis


Con semejante título, es de esperar que Follamigas tenga la temática y tono que tiene. Y en ese sentido ya te digo que no defrauda. En este espectáculo, Toni Moog saca al escenario el tema de las relaciones «con derechos» sin cortarse el pelo, pero también hace un repaso a distintos aspectos de la sexualidad, incluyendo consejos tanto para hombres como para mujeres para ligar.

Follamigas arranca con una proyección en la que se nos explica qué es eso de las follamigas y las relaciones sin compromiso. Tras esta presentación, Toni Moog se pone en pie y arranca con un texto ágil en el estilo que le caracteriza y arrancan las risas.

En general, la impresión del monólogo es bastante buena. Aunque en determinados momentos puede herir las sensibilidades más sensibles (como es lógico y habitual en un monólogo sobre sexo que busca la provocación desde un punto de vista masculino y estrictamente heterosexual), su estilo tan descarado y sin complejos, cargado de palabrotas y cosas que desde luego no vas a escuchar en televisión, supone un soplo de aire fresco sobre la corrección política que a veces alcanza niveles preocupantes. A estas alturas, todo el mundo sabe que cuando vas a un monólogo sobre este tipo de temas no te puedes tomar las cosas por lo personal. Aún así, Toni Moog arregla las posibles ofensas (no me vayan a confundir, tampoco se trata de un aquelarre) interrumpiendo el monólogo a mitad de partido para dar paso a Eva Cabezas.

Eva Cabezas es todo un acierto. Con un humor algo más sutil que el de Toni Moog, pero sin dejar atrás el descaro y el lenguaje explícito, hace de contrapunto aportando su visión del tema desde el punto de vista de las mujeres. Especialmente hilarante es el momento en el que Eva da explicaciones a los hombres para que puedan cumplir eficientemente en las labores sexuales con las mujeres, así como su defensa de las curvas.

En resumen, Follamigas cumple con su misión, arrancando risas de principio a fin mediante un análisis sin complejos y explícito de las relaciones sexuales en la era digital. Desde luego hace reir, desconectar del ajetreo de la vida diaria (aunque no descartes la posibilidad de que te recuerde más de una experiencia vivida), y tiene algún golpe de efecto.

Si quieres reirte con un humor sin censuras, no apto para televisión, que ya lleva más de 50.000 espectadores, Follamigas es tu show. En el teatro Fígaro (c/ Doctor Cortezo, 5 — Madrid) los viernes, sábados y domingos hasta el 19 de marzo.

Crítica: Follamigas


Puede que te suenen... y, si no eres seguidor del hip hop, puede que no. Aunque es casi seguro que los has visto, aunque no les recuerdes por el nombre sino por sus actuaciones. El caso es que Brodas Bros lleva más de diez años por todo tipo de escenarios y ahora recala en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía hasta el 26 de febrero.

Surgidos en Barcelona en 2006, tras actuar en gran cantidad de países y también en platós de televisión, tanto como invitados como concursantes en talent shows, Brodas Bros celebra su décimo aniversario con este espectáculo que es un homenaje al propio grupo, pero también al público.

Brodas Bros - 10 años, es un espectáculo muy visual en el que el grupo muestra una recopilación de lo mejor de sus distintos espectáculos a lo largo de este tiempo. Precisamente por eso, por su caracter recopilatorio y de autohomenaje, la función carece de hilo conductor más allá de las presentaciones de los MC (maestro de ceremonias) a lo largo de la sesión. Esto, sin embargo, no desmerece. Lo que nos vamos a encontrar es una exhibición muy completa de street art: hip hop, rap, beatbox, coreografías impactantes que revisan distintos estilos (incluyendo su conocidísimo número con trajes de neón), grafitis, alguna sorpresa... Todo ello completado con la participación del público en diversas formas y artistas invitados.

Desde que entras en la sala, antes de la hora de arranque del show, un DJ se encarga de amenizar la sala para ir caldeando el ambiente. Y, cuando se apagan las luces, empieza el espectáculo con un breve repaso a sus diez años de trayectoria y una invitación a la participación del público para que entre en la dinámica de fiesta que sería el objetivo final.

Hay que destacar el sentido del espectáculo que tienen los integrantes de Brodas Bros. Toda esta exhibición que he comentado se desarrolla de manera muy eficiente gracias al uso de varios recursos. Juegos de luces, que según el momento se acercan más a la dinámica de un gran concierto, proyecciones en vídeo, implicación del público, gags... Y, por supuesto, las coreografías, que son la base de Brodas Bros.

Mención aparte merece la música, omnipresente durante todo el espectáculo. Además del DJ, tenemos un saxofonista (que toca otros intrumentos de vientos) y un baterista (que también toca otros instrumentos de percusión) que aparecen en momentos puntuales. Estas apariciones y desapariciones ayudan a dar dinamismo al show, alcanzando momentos álgidos cuando se complementan con otros músicos a través de proyecciones.

¿Recomiendo el espectáculo? En mi caso particular, que más que mayor soy antiguo, reconozco que no conecté del todo con la dinámica del espectáculo. Pero mi trabajo aquí no es dar mi opinión personal basada en mis propias preferencias (que no es relevante ni en mi casa a la hora de comer), así que me quedo en el reconocimiento a un trabajo bien hecho, con buen ritmo, buenos recursos técnicos y escénicos, muy visual, que consiguió poner en pie al público de una sala abarrotada siguiendo el ritmo.

Los amantes del street art podrán disfrutar, sin duda, con esta exhibición que se representa en Teatro de la Luz Philips Gran Vía hasta el 26 de febrero.

Crítica: Brodas Bros - 10 años


Si una crítica debe ser sincera (o al menos eso pienso yo), debo empezar esta reconociendo que fui a ver esta obra por compromiso. Me invitaron a verla y, tras un rápido vistazo a la sinopsis, llegué a la torpe conclusión de que se trataba de una adaptación de un drama griego, de esas que tan de los nervios pone a Javier Marías. Incluso tuve la osadía de pedir disculpas por adelantado a mi sufrido (por lo de aguantarme) acompañante. Me equivoqué.

Debo (quiero) decir en mi descargo que, como ya he comentado en otras ocasiones, me gusta ir a ver las obras sin saber mucho de ellas, libre de prejuicios y opiniones externas. Lo cual no deja de ser paradójico, porque mi trabajo en Somos Teatro consiste en ofrecer esa opinión... y porque a esta fui con prejuicios muy equivocados (como casi todos los prejuicios). Afortunadamente, mi error acabó derivando en una más que grata sorpresa.

Clamor de Clitemnestra es una obra que habla sobre la mujer en distintos aspectos: la mujer condenada, la mujer refugiada, la mujer invisible... y la mujer que clama por limpiar su nombre, y el de todas las mujeres, en la Historia. Y esto con una única actriz en el escenario, Natalia Moya, que llena el escenario con su dolor y su esperanza, y cautiva al público gracias a una excelente interpretación y un texto potente. Porque Natalia, con su interpretación, con tan solo una mirada, consigue que cuando Clitemnestra busca la compasión el público se apiade, y cuando expresa su furia al espectador se le hiele la sangre.

Desde que entras en Teatro del Arte te das cuenta de que se han cuidado los detalles. Aún no te has sentado y ya lo ves y lo oyes. La puesta en escena, aparentemente simple pero cuidada, es impactante. Parece una simple pared hecha con cajas de cartón. De hecho lo es. Pero la atmósfera está tan bien preparada... Visualmente, el humo y el juego de luces a través de las cajas, te introducen de bruces en el Hades en el que deambula, desterrada, Clitemnestra. El sonido, limpio y sutil, te acaba de situar en una gran ciudad, el Hades actual en el que la protagonista está desterrada y que bien podría ser el túnel de Plaza de España en el centro de Madrid, completando la escenografía con maestría.

Y entonces sale ella, Clitemnestra, reclamando su espacio y su reinado de cajas de cartón que recoje y prepara de la basura. Y lo hace utilizando tres hilos argumentales: su propia historia (que es la del fin del matriarcado), la gestación mes a mes, y la historia de tres mujeres actuales que están unas calles más allá y que no podemos ver, pero que el público siente como si estuvieran allí. Tres mujeres que, al igual que ella, están desterradas y desarraigadas: inmigrantes que cruzaron la frontera, víctimas de los hombres, que han perdido hijos. Mujeres que, como la protagonista, también son invisibilizadas y prejuzgadas. Mujeres que ni siquiera comparten el mismo idioma, pero consiguen comunicarse entre ellas mediante gestos y crear un vínculo de mutuo apoyo.

Jugando hábilmente con estos tres hilos, al tiempo que desmonta y reconvierte el escenario de cajas con el apoyo de hábiles recursos de iluminación, sonido y algún golpe de efecto, Clitemnestra nos va contando su historia. Porque es un personaje mitológico que carga con el estigma de ser "perra vengadora, perversa, viuda negra ponzoñosa, asesina", pero en realidad es una mujer, una madre, que intentaba hacer justicia para apaciguar su dolor. Ella misma lo dice: "Todo lo que yo hice estaba permitido a los hombres. Ese fue mi verdadero crimen". No voy a ahondar en la figura de Clitemnestra porque la Wikipedia ya está inventada y porque, sobre todo, es mucho mejor descubrirlo viendo la obra, en la manera dosificada en que lo hace Natalia.

Luis Quinteros, que firma el texto y dirige la obra, trabajó a fondo con Natalia Moya hasta llegar a un libreto que conmueve y emociona, a raiz de unos estudios de ella sobre la figura de Clitemnestra... y su indignación por cómo este personaje era tratado históricamente. Desde luego, pueden darse por satisfechos porque con esta obra han conseguido hacer no solo justicia al personaje mitológico, sino crear ese tipo de arte que se disfruta y se agradece.

En resumen, Clamor de Clitemnestra es una obra altamente recomendable. Vayan a verla, pero dense prisa porque la última función en Teatro del Arte es este viernes 10 de febrero.

Crítica: Clamor de Clitemnestra


Ya he dicho alguna vez que cuando voy a ver una obra de teatro para hacer una reseña me gusta ir con la mente en blanco. Por eso, la primera vez que vi esta obra solo sabía que La voz hermana trataba el tema de la transexualidad y que ya tenía una trayectoria en diversas salas con una buena acogida. En mi mente guardaba el pensamiento de que sería una buena obra, y mi único recelo era si tal vez no sería demasiado dramática, como podía ser de prever con un solo actor en el escenario y un tema tan complejo como delicado envolviéndolo todo. Me quedé corto.

La voz hermana nos presenta a Natalia en un momento muy importante de su vida. Dejando atrás el Luisito de su juventud para visibilizarse como la Natalia que siempre fue, y como parte del tratamiento, la psicóloga le ha aconsejado visitar a su hermana vestida de mujer. Ese momento de gran presión para ella, en el que se junta emoción, ilusión y mucho miedo, sirve de catarsis ante un público que atiende a la narración de su historia.

En realidad la historia de Natalia no es muy distinta a la historia de muchas transexuales: una infancia y juventud marcadas por traumas, sueños, inquietudes, prejuicios, fallidos intentos de corrección… y una personalidad fuerte que lucha por ello y consigue liberarse con una fuerza que a veces flaquea pero siempre sale adelante. Aquí se nota la solidez del texto y dirección de Pablo Vilaboy, que nos mete dentro de esta historia compleja alejándose de una narración convencional e involucrando al público en la trama a través de las relaciones de la protagonista con distintos familiares, tanto vivos como ya fallecidos. Cuando Natalia ya se ha liberado, o al menos exteriorizado, de esos fantasmas de su pasado, es cuando vemos a la protagonista afianzarse más en sí misma y, sobre todo, hacerse dueña de su propio destino.

Ya he dicho que el texto (y la dirección) de Pablo Vilaboy es sólido. Y por sólido me refiero a un texto brillante que mantiene al público en vilo constantemente, con un excelente control del ritmo que nos lleva por distintos estados emocionales. Sin embargo, por lo que brilla esta obra es por la suma de talentos en la que es indispensable Alejandro Dorado. Su interpretación gana al público en los dos primeros minutos y este queda cautivo de su talento hasta el final, en el que se produce una gran ovación más que merecida. Provoca una tensión en el público tal que, cuando se produce algún momento cómico (que también lo hay), no se corresponde con la carcajada esperada porque el público está con un nudo en la garganta. En mi caso personal, tardé unos minutos en poder articular palabra tras salir de la función porque sabía que de abrir la boca se escaparía el llanto y, ya se sabe: los hombres no lloran.


En este tipo de temáticas siempre nos encontramos con alguien que dice “esto es solo para transexuales”. Y no niego que a una persona transexual intuyo que esta obra le llegará muy hondo: si yo mismo conseguí sentirme identificado con distintos momentos de la obra, ¿cómo no va a sentirse identificada una persona trans? Pero La voz hermana es una realidad narrada en primera persona para todos los públicos, y más para quienes no son transexuales, pues gracias a obras como esta es como se consigue algo tan importante para convivir en sociedad como es ser capaces de empatizar con quienes no somos nosotros. Esto aparte de que, como ya he dicho en otras ocasiones, el arte es para disfrutarlo al margen de etiquetas y prejuicios.

Todavía estás a tiempo para disfrutar de La voz hermana… ¡Pero no te lo pienses mucho! Tras haber pasado por distintas salas, ha recalado en Teatro de las Aguas (c/ de las Aguas, 8 — Madrid) los sábados de febrero a las 18:30h. Todavía no sabemos si habrá más funciones, el teatro off tiene esa desgracia de la temporalidad extrema, pero desde estas líneas expreso mi sincero deseo de que La voz hermana tenga por delante un largo recorrido, pues aparte de ser teatro del bueno cumple con una labor social muy necesaria.

Crítica: La voz hermana


Quizá lo que más me sorprendió de Cómo seducir a un hetero, el monólogo, fue el hecho de que está anunciada como un «curso» para que los gais aprendan a seducir heterosexuales y sin embargo en la sala había gran cantidad de parejas heterosexuales y mujeres. Al ver esto en el vestíbulo del Teatro de las Aguas pensé que resultaba curioso cómo algo tan abiertamente gay era aceptado por un público tan variopinto, en el que incluso había un par de señoras de avanzada edad. Pero luego entras en la sala, te encuentras con el actor Ángel Perulero en actitud desafiante, ya metido en el papel de profesor de esta curiosa master class, y al apagarse las luces y dar comienzo la función te das cuenta de por qué esta obra lleva tres meses en cartel y seguirá más tiempo... ¡Es jodidamente buena!

Cómo seducir a un hetero, el monólogo, es un discurso hilarante en la que se le da la vuelta a todos los estereotipos de identidad y género. Con texto de Diego Manuel Béjar, autor de la novela homónima, se presenta la «realidad» del mundo gay desde el punto de vista de los heterosexuales, para a continuación presentar al heterosexual como un objeto de estudio desde el punto de vista de los gais, rematando la faena con la explicación de un «método» para la interactuación de esos dos mundos que al final no son tan distintos.


Esta clase consiste en cuatro lecciones: La seducción en el mundo gay; El hetero, ese desconocido; Ventajas de seducir a un hetero; y El método. Pero es que cada una de esas unidades «didácticas» no solo está cargada de humor ácido, tomando los estereotipos como ciertos y dándoles un toque académico para evidenciar su ridiculez, sino que además se aderezan con distintos recursos como láminas y una pizarra gigante de fondo que sirven de soporte.

Ángel Perulero muestra su destreza como actor manteniendo el ritmo durante casi hora y media. Hay que tener en cuenta que no se trata de una stand-up comedy en la que un cómico cuenta sus chistes más o menos hilados, sino que es un actor interpretando el papel de un profesor prepotente que va evolucionando y abriéndose al público conforme avanza la obra hasta llegar a la gran confesión final. Su capacidad para mantener la atención del público, sus cambios de registro (impresionante la parodia de El diario de Patricia donde interpreta cuatro personajes distintos en apenas dos minutos), además de su gracia innata, hace que el público se enganche a un texto que tiene varios giros y más de una sorpresa. Cuando ves una obra de teatro no es habitual que, como me pasó en la función a la que asistí, un espectador se gire para comentar a su acompañante: «qué bueno es el jodido».


El texto es gratamente sorprendente. A pesar de apoyarse en estereotipos amplicamente conocidos, está cargado de humor original con un toque de resentimiento y elevadas dosis de irreverencia sin llegar a caer en el mal gusto. Hay momentos especialmente hilarantes como cuando se describen los cuartos oscuros (que se comparan con un espectáculo de Leticia Sabater y se ejemplifican con la participación de CSI Miami), la descripción que se hace del hetero y el por qué de su atractivo, o la coreografía a usar para seducir a un hetero. Pero esto son solo tres ejemplos porque la obra provoca risas entre el público, incluso aplausos espontáneos, desde el principio hasta el final, y según estoy escribiendo esto me vienen a la memoria otros momentos que me arrancaron la carcajada, como la sevillana mariliendre o el método para ligar en el ambiente en solo dos pasos. Eso sin hablar del giro final del que no se puede hablar pero que sorprende.

Otra cosa a destacar de Cómo seducir a un hetero, el monólogo, es la cantidad de recursos que se utilizan. Además del material de apoyo empleado (pizarra, láminas y distintos objetos), hay partes en las que el público participa, una canción original desternillante, una coreografía, cambios de registro, cambios de luz... Gracias a ello, la casi hora y media que dura el espectáculo no se hace larga.

En resumen: un espectáculo muy recomendable para todo tipo de públicos (adulto, eso sí).

Cómo seducir a un hetero, el monólogo, se representa todos los sábados a las 18:30 en Teatro de las Aguas (Madrid).

Crítica: Cómo seducir a un hetero, el monólogo


Sobre unos textos de Ariel Capone, conocido por haber publicado varias novelas y su autoría sobre diversas piezas de teatro en distintos formatos, y con la dirección de David Carrillo, que tras su paso por distintas series, programas de televisión y películas españolas desde bien niño da el paso a la dirección teatral, llega al Teatro de las Aguas la obra Shock! Nada es lo que parece…

No vamos a contar de qué va la obra, porque la gracia de la misma es dejarse llevar por estas cinco piezas de teatro independientes hábilmente unidas por un ingenioso hilo conductor. Lo que sí que debes saber es que se trata de una divertida comedia en la que cuatro grandes actores (Lara de Miguel, Susana Garrote, Manu Soler y Nacho Brande) se alternan para interpretar distintos personajes en situaciones totalmente dispares. Gracias a su buena interpretación, el espectador se sumerge rápidamente en cada una de las historias que componen Shock!.


Una madre y su hijo que se encuentran en un reality de televisión (programa que sirve de hilo conductor), una pareja que en su aniversario se reconoce insólitos secretos (historia en la que servidor, que es muy retorcido, ha visto una crítica a la hipocresía que demasiadas veces sale a relucir en redes sociales), la competencia entre dos hermanos mellizos llevada al extremo, una pieza donde el erotismo se convierte en comedia y termina en alegato feminista, y la rivalidad entre dos mujeres unidas por la casualidad. Todo esto forma Shock! Nada es lo que parece… Y, como anuncia el propio título, en ninguna de esas cinco historias nada es finalmente lo que parece, porque cada una de ellas destaca por un giro ingenioso y tronchante que capta por completo la atención de un espectador que se ríe sin reparos ante situaciones que a veces no son tan ajenas en la vida real.


Todo funciona en Shock! Nada es lo que parece... Unos textos ingeniosos, una buena dirección, intérpretes de comprobada solvencia (con experiencia en series de televisión y musicales, y se nota), creatividad y diversión hasta en los cambios de escenario, iluminación simple pero muy efectiva, incluso la manera de utilizar la decoración para crear escenarios completamente distintos con los mismos elementos. Todo fluye correctamente para que al salir de la sala tengas ese buen sabor de boca de haber visto buen teatro y de haberte reído con una obra que no cae en los estereotipos ni el humor fácil.

La cita es los sábados en Teatro de las Aguas (Madrid) a las 20:30h.

Crítica: Shock! Nada es lo que parece...