Debo confesar que, siempre que puedo y si nadie me hace spoiler, me gusta ir al teatro con la mente en blanco. Esto significa que intento no leer ni la sinopsis, y mucho menos reseñas como esta que estoy dispuesto a compartir con la respetable audiencia de este noble medio. Tengo mis razones: si voy a contaros mis impresiones de una obra, quiero que estas sean «vírgenes» y no estén influenciadas por otros. Por esta razón, cuando asistí a la función de Redecoración, lo único que intuía en base al propio cartel y el título en sí era que... iba de una redecoración. Y sí, va de eso... o no.

Tras un inicio en bucle (ya lo entenderéis cuando lo veáis) tan surreal como gracioso, solo con la iteración de la escena quedan claras dos cosas: que tenemos dos protagonistas muy orgullosos (y llenos) de sí mismos y que esperan a un tercero. Y, efectivamente, el matrimonio compuesto por Chus y Félix están a la espera de la hermana de ella. Rápidamente descubrimos el núcleo narrativo de la obra: una cena en la que pretenden enseñar a su invitada la pomposa redecoración de su casa. Como quiera que el matrimonio conservador (para rizar el rizo, él trabaja en el sector inmobiliario) pretende exhibir con orgullo e incluso cierta parafernalia sus logros (pasando de la redecoración en sí a su propia vida y hasta sus hijos, que han despachado convenientemente para que no molesten en la cena), y la invitada es de ideología contraria, ecologista, trabaja en una ONG, vive de alquiler y no planea tener hijos, el conflicto está encima de la mesa antes que las propias viandas. Efectivamente, una vez redecorada su casa, el matrimonio tiene planeado redecorar la vida de su invitada porque, obviamente (para ellos), es la hermana díscola la que se empeña en ir a la contra. Todo esto, además, aderezado con el final de la Eurocopa en la que España se juega el título como fondo.

Se trata de una obra dirigida por Jesús Asensi, quien se encargó de adaptar esta obra inspirada en otra del ya fallecido Václav Havel, dramaturgo y expresidente de la antigua Checoslovaquia. La interpretación, a cargo de Virginia Jabón, Lidia Navarro y el propio Jesús Asensi, es muy correcta. Al principio parecía que la interpretación del matrimonio estaba algo impostada, pero luego me di cuenta de que venía dado por los personajes. Justifico mi error en que es una obra que va de menos a más, con personajes y situaciones que evolucionan lo cual es bueno porque contribuye a mantener el interés y deja con buen sabor de boca. La tensión que tienen ellos al principio (y que me pareció impostada) va pasando a la hermana y conforme esto sucede el matrimonio se va relajando más. El humor también va evolucionando conforme se desarrolla la trama, y partiendo de un humor más figurativo se acaba llegando a otro tipo de humor en el que todo fluye y todo contribuye a arrancar la risa.

En definitiva, Redecoración es una obra que te hace reir, pero que al mismo tiempo te deja un mensaje, una crítica a cierto tipo de personas y comportamientos sociales afectados por la propia política. Al menos yo me fui contento: me había reído con ganas (al final llega a haber momentos tremendamente hilarantes, como cuando el matrimonio se empeña en mostrar sus técnicas para mantener la chispa del amor) y ya en la calle pude dedicar mi tiempo a reflexionar sobre el mensaje social implícito. Lo que yo llamo el pack completo.

Redecoración se puede ver en el Teatro Alfil (Madrid) los miércoles a las 20:00h.

Crítica: Redecoración


Debo confesar que, siempre que puedo y si nadie me hace spoiler, me gusta ir al teatro con la mente en blanco. Esto significa que intento no leer ni la sinopsis, y mucho menos reseñas como esta que estoy dispuesto a compartir con la respetable audiencia de este noble medio. Tengo mis razones: si voy a contaros mis impresiones de una obra, quiero que estas sean «vírgenes» y no estén influenciadas por otros. Por esta razón, cuando asistí a la función de Redecoración, lo único que intuía en base al propio cartel y el título en sí era que... iba de una redecoración. Y sí, va de eso... o no.

Tras un inicio en bucle (ya lo entenderéis cuando lo veáis) tan surreal como gracioso, solo con la iteración de la escena quedan claras dos cosas: que tenemos dos protagonistas muy orgullosos (y llenos) de sí mismos y que esperan a un tercero. Y, efectivamente, el matrimonio compuesto por Chus y Félix están a la espera de la hermana de ella. Rápidamente descubrimos el núcleo narrativo de la obra: una cena en la que pretenden enseñar a su invitada la pomposa redecoración de su casa. Como quiera que el matrimonio conservador (para rizar el rizo, él trabaja en el sector inmobiliario) pretende exhibir con orgullo e incluso cierta parafernalia sus logros (pasando de la redecoración en sí a su propia vida y hasta sus hijos, que han despachado convenientemente para que no molesten en la cena), y la invitada es de ideología contraria, ecologista, trabaja en una ONG, vive de alquiler y no planea tener hijos, el conflicto está encima de la mesa antes que las propias viandas. Efectivamente, una vez redecorada su casa, el matrimonio tiene planeado redecorar la vida de su invitada porque, obviamente (para ellos), es la hermana díscola la que se empeña en ir a la contra. Todo esto, además, aderezado con el final de la Eurocopa en la que España se juega el título como fondo.

Se trata de una obra dirigida por Jesús Asensi, quien se encargó de adaptar esta obra inspirada en otra del ya fallecido Václav Havel, dramaturgo y expresidente de la antigua Checoslovaquia. La interpretación, a cargo de Virginia Jabón, Lidia Navarro y el propio Jesús Asensi, es muy correcta. Al principio parecía que la interpretación del matrimonio estaba algo impostada, pero luego me di cuenta de que venía dado por los personajes. Justifico mi error en que es una obra que va de menos a más, con personajes y situaciones que evolucionan lo cual es bueno porque contribuye a mantener el interés y deja con buen sabor de boca. La tensión que tienen ellos al principio (y que me pareció impostada) va pasando a la hermana y conforme esto sucede el matrimonio se va relajando más. El humor también va evolucionando conforme se desarrolla la trama, y partiendo de un humor más figurativo se acaba llegando a otro tipo de humor en el que todo fluye y todo contribuye a arrancar la risa.

En definitiva, Redecoración es una obra que te hace reir, pero que al mismo tiempo te deja un mensaje, una crítica a cierto tipo de personas y comportamientos sociales afectados por la propia política. Al menos yo me fui contento: me había reído con ganas (al final llega a haber momentos tremendamente hilarantes, como cuando el matrimonio se empeña en mostrar sus técnicas para mantener la chispa del amor) y ya en la calle pude dedicar mi tiempo a reflexionar sobre el mensaje social implícito. Lo que yo llamo el pack completo.

Redecoración se puede ver en el Teatro Alfil (Madrid) los miércoles a las 20:00h.



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