Éxtasis es una obra compuesta por varias piezas que tienen como denominador común las relaciones, los temores y el peso de las decisiones. De esta manera, nos encontramos con las historias del amor del agua en Marte (así de inédito, y así de bello), una pareja gay que se plantea hacer su primer trío, el dilema de una ex actriz porno, un actor famoso que recurre a una adivina para olvidar su amor (y de paso, encontrar su amor verdadero) y la solución de una pareja de lesbianas para tener un hijo.

Con texto de Alejandro Melero y dirección de Isidro Romero, todas las piezas están interpretadas por cuatro actores que mutan totalmente en cuestión de segundos: David Carrillo, Berta Hernández, Paco Rodríguez y María Cobos (que son distintos a los actores que aparecen en el vídeo al final de esta crítica, correspondiente a la primera temporada).

Éxtasis es sobre todo una comedia. O más bien varias comedias. Pero no solo cumple su función de hacer reir y entretener. Sus historias también nos hacen soñar, emocionan y plantean debates que seguro más de un espectador ya tuviera en la cabeza. Y eso es lo que, junto al buen hacer de todo el equipo, convierte a Éxtasis en una gran obra, porque además cada una de las historias tiene un enfoque y un planteamiento distinto y en todas se nota el trabajo bien hecho.

A nivel de recursos técnicos, en la obra se utilizan inteligentemente música, humo, luces, escenografía e incluso los espacios del teatro, ya que las piezas se desarrollan no solo en el escenario, sino también en el proscenio (el espacio que queda en el escenario por delante del telón cuando este está echado) y en el patio de butacas (en la delirante pausa de Rubiaco35, que paradójicamente es la que da título a la obra). Ese uso de los distintos espacios fue lo que más me llamó la atención en el aspecto técnico, porque permitía hacer todos los cambios de personajes, escenarios y vestuario de manera ágil.

Sobre la interpretación, los personajes son totalmente creíbles. Y eso a pesar de que el actor que en un momento dado hace de actor famoso enamorado de una actriz poco antes hacía de gay afeminado, o la actriz que hace de actriz porno un rato antes hacía de lesbiana. Al menos desde mi punto de vista, eso significa que la interpretación es buena.

Este es uno de los casos en los que todo fluye: una buena historia, con una buena dirección y producción, un uso eficiente y original de los recursos, y una buena interpretación en la que ningún actor desentona, son los elementos que hacen que recomiende esta obra.

Éxtasis ya está en su segunda temporada. Y no es para menos, ya que recoge el testigo de Clímax!, del mismo autor, que ya está en su quinta temporada y acumula más de 100.000 espectadores.

En resumen, Éxtasis es una historia totalmente recomendable para quienes gusten de la buena comedia pero también para los amantes de las historias románticas. Podéis verla los sábados en Teatro Alfil.

Crítica: Extasis


Éxtasis es una obra compuesta por varias piezas que tienen como denominador común las relaciones, los temores y el peso de las decisiones. De esta manera, nos encontramos con las historias del amor del agua en Marte (así de inédito, y así de bello), una pareja gay que se plantea hacer su primer trío, el dilema de una ex actriz porno, un actor famoso que recurre a una adivina para olvidar su amor (y de paso, encontrar su amor verdadero) y la solución de una pareja de lesbianas para tener un hijo.

Con texto de Alejandro Melero y dirección de Isidro Romero, todas las piezas están interpretadas por cuatro actores que mutan totalmente en cuestión de segundos: David Carrillo, Berta Hernández, Paco Rodríguez y María Cobos (que son distintos a los actores que aparecen en el vídeo al final de esta crítica, correspondiente a la primera temporada).

Éxtasis es sobre todo una comedia. O más bien varias comedias. Pero no solo cumple su función de hacer reir y entretener. Sus historias también nos hacen soñar, emocionan y plantean debates que seguro más de un espectador ya tuviera en la cabeza. Y eso es lo que, junto al buen hacer de todo el equipo, convierte a Éxtasis en una gran obra, porque además cada una de las historias tiene un enfoque y un planteamiento distinto y en todas se nota el trabajo bien hecho.

A nivel de recursos técnicos, en la obra se utilizan inteligentemente música, humo, luces, escenografía e incluso los espacios del teatro, ya que las piezas se desarrollan no solo en el escenario, sino también en el proscenio (el espacio que queda en el escenario por delante del telón cuando este está echado) y en el patio de butacas (en la delirante pausa de Rubiaco35, que paradójicamente es la que da título a la obra). Ese uso de los distintos espacios fue lo que más me llamó la atención en el aspecto técnico, porque permitía hacer todos los cambios de personajes, escenarios y vestuario de manera ágil.

Sobre la interpretación, los personajes son totalmente creíbles. Y eso a pesar de que el actor que en un momento dado hace de actor famoso enamorado de una actriz poco antes hacía de gay afeminado, o la actriz que hace de actriz porno un rato antes hacía de lesbiana. Al menos desde mi punto de vista, eso significa que la interpretación es buena.

Este es uno de los casos en los que todo fluye: una buena historia, con una buena dirección y producción, un uso eficiente y original de los recursos, y una buena interpretación en la que ningún actor desentona, son los elementos que hacen que recomiende esta obra.

Éxtasis ya está en su segunda temporada. Y no es para menos, ya que recoge el testigo de Clímax!, del mismo autor, que ya está en su quinta temporada y acumula más de 100.000 espectadores.

En resumen, Éxtasis es una historia totalmente recomendable para quienes gusten de la buena comedia pero también para los amantes de las historias románticas. Podéis verla los sábados en Teatro Alfil.



No hay comentarios:

Publicar un comentario