Con texto y dirección de Jorge Roelas, los viernes tenemos un triple pase de la obra de microteatro Paraíso en el madrileño Teatro de las Aguas.

Paraíso es una pieza de unos veinte minutos en la que, vaso de vino en la mano (incluido en la entrada), asistimos a una peculiar versión de la creación. Con mucho humor, Jorge Roelas y José Ygarza representan la primera conversación entre Dios y Adán, respectivamente. Y, en esta obra, ya te puedo decir que la historia no es como te habían contado en otras ocasiones.

La puesta en escena está muy conseguida. Se ha reconfigurado toda la sala y se ha decorado cada esquina para dar la sensación de estar precisamente allí, en el Paraíso. El mismísimo Dios te da la bienvenida y te asigna un asiento mientras te ofrece una copa de vino, lo cual ya representa la primera de las muchas paradojas, por cuanto el vino es la sangre de Cristo, que no es otro que él mismo y su propio hijo a la vez, pero en un momento de la historia en el que dicho desdoblamiento no se habría producido. Este tipo de paradojas y anacronismos es un recurso recurrente de la propia obra, incluyendo algunos que tal vez no fueran intencionados: que Adán sea creado con una cicatriz de apendicitis (o una pelea en un bar, no tengo tan controlada su biografía) es un chiste desternillante. Pero, continuando con el tema de la puesta en escena, a esta escenografía hay que añadirle una buena sonorización y los adecuados cambios de luces.

No voy a contar nada de la trama porque la gracia es verla, no que te la cuenten. Solo diré que no me hubiera extrañado que a la salida nos hubiera esperado el autobús de Hazte Oír dispuesto a atropellarnos por blasfemos. En estos tiempos en los que los cómicos tienen la sombra de la cárcel encima de sus hombros en cuanto se salen del "van dos y se cae el del medio" (que ya será denunciado por la asociación de víctimas de accidentes peatonales), Paraíso es una obra muy valiente, y más teniendo en cuenta que, por decirlo de alguna manera, en la función Dios siente demasiada admiración por su propia obra.

La obra está bien interpretada. Por un lado tenemos a un experimentado Jorge Roelas equilibrando la prepotencia y el desconcierto de un creador al que su creación le replica. Por el otro, tenemos a José Ygarza, despuntando en este difícil mundillo, con la ingenuidad del primer humano ante su creador.

Y sí, venga, vamos a decirlo: que José Ygarza pase toda la obra embutido en un mínimo slip también es un plus.

Puedes ver Paraíso los viernes en Teatro de las Aguas (c/ de las Aguas, 8 — Madrid) en tres pases distintos: 22:30h., 23:00h. y 23:30h.

Crítica: Paraíso


Con texto y dirección de Jorge Roelas, los viernes tenemos un triple pase de la obra de microteatro Paraíso en el madrileño Teatro de las Aguas.

Paraíso es una pieza de unos veinte minutos en la que, vaso de vino en la mano (incluido en la entrada), asistimos a una peculiar versión de la creación. Con mucho humor, Jorge Roelas y José Ygarza representan la primera conversación entre Dios y Adán, respectivamente. Y, en esta obra, ya te puedo decir que la historia no es como te habían contado en otras ocasiones.

La puesta en escena está muy conseguida. Se ha reconfigurado toda la sala y se ha decorado cada esquina para dar la sensación de estar precisamente allí, en el Paraíso. El mismísimo Dios te da la bienvenida y te asigna un asiento mientras te ofrece una copa de vino, lo cual ya representa la primera de las muchas paradojas, por cuanto el vino es la sangre de Cristo, que no es otro que él mismo y su propio hijo a la vez, pero en un momento de la historia en el que dicho desdoblamiento no se habría producido. Este tipo de paradojas y anacronismos es un recurso recurrente de la propia obra, incluyendo algunos que tal vez no fueran intencionados: que Adán sea creado con una cicatriz de apendicitis (o una pelea en un bar, no tengo tan controlada su biografía) es un chiste desternillante. Pero, continuando con el tema de la puesta en escena, a esta escenografía hay que añadirle una buena sonorización y los adecuados cambios de luces.

No voy a contar nada de la trama porque la gracia es verla, no que te la cuenten. Solo diré que no me hubiera extrañado que a la salida nos hubiera esperado el autobús de Hazte Oír dispuesto a atropellarnos por blasfemos. En estos tiempos en los que los cómicos tienen la sombra de la cárcel encima de sus hombros en cuanto se salen del "van dos y se cae el del medio" (que ya será denunciado por la asociación de víctimas de accidentes peatonales), Paraíso es una obra muy valiente, y más teniendo en cuenta que, por decirlo de alguna manera, en la función Dios siente demasiada admiración por su propia obra.

La obra está bien interpretada. Por un lado tenemos a un experimentado Jorge Roelas equilibrando la prepotencia y el desconcierto de un creador al que su creación le replica. Por el otro, tenemos a José Ygarza, despuntando en este difícil mundillo, con la ingenuidad del primer humano ante su creador.

Y sí, venga, vamos a decirlo: que José Ygarza pase toda la obra embutido en un mínimo slip también es un plus.

Puedes ver Paraíso los viernes en Teatro de las Aguas (c/ de las Aguas, 8 — Madrid) en tres pases distintos: 22:30h., 23:00h. y 23:30h.


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