En un momento en el que el teatro, por cuestión de presupuesto fundamentalmente, tiende al minimalismo, sorprende encontrarse con una propuesta como Faraday (el buscador). Al menos así me pasa a mí, que cuando me hablaron de una obra de ciencia ficción ambienta en Nueva York me quedé ojiplático. Solo por la curiosidad acudí a ver Faraday (el buscador), dispuesto a enfrentarme a una desgracia teatral. Me alegro profundamente de haberme equivocado en mi pronóstico, porque se trata de una obra totalmente recomendable. Y, ojo, porque a mí por regla general no me gusta la ciencia ficción, pero Faraday (el buscador) me sorprendió y gustó.

Faraday (el buscador) se ubica en el futuro, o puede que en el presente. Tal vez, incluso, ya haya pasado algo así, puesto que nunca nos enteramos del todo de lo que sucede en las sombras del poder. Porque de lo que trata es de una empresa tecnológica que desarrolla un buscador con unas características concretas que no voy a desvelar para no fastidiar la trama. Y yo, que tengo un perfil tecnológico, ya te aviso que no es tanta ficción ni tan imposible, y de hecho ya existen tecnologías parecidas. Y eso hace que la obra sea más inquietante: lo que te presentan como ficción podría ser realidad si una empresa tecnológica como las que de hecho señalan en la propia función se saltara ciertos matices éticos.

Hábilmente, la obra combina este elemento tecnológico y la trama de poder y conspiración que implica con un elemento personal, generando dos hilos de interés totalmente conectados entre sí. En realidad la obra tiene todos los elementos que me gustan, lo cual no tiene por qué significar nada porque esto es un criterio totalmente personal, pero es que esto es una crítica personal. Tiene sus giros, aunque sin sacarse nada de la manga: todos los elementos que se descubren estaban más o menos expuestos desde el principio. Algunos son predecibles, otros sorprenden, pero en cualquier caso el espectador puede jugar a anticiparse e intuir lo que va a suceder porque no hay trampas en la narración. Nota: por trampas en la narración me refiero a cuando en una obra algo se resuelve con un elemento nuevo y hasta entonces desconocido por completo que aparece por sorpresa de manera totalmente inesperada e impredecible; algo que me disgusta en exceso y que en esta obra no sucede.

Destaca especialmente la puesta en escena y el uso de la tecnología. Y no solo la tecnología que hay en el escenario, sino también la que lleva el propio espectador consigo. Encontraremos escenarios minimalistas con una gran pantalla de fondo que se aprovecha al máximo (y cuando veas el primer disparo verás a qué me refiero), de manera ingeniosa y atrevida. Aunque no se trate de recursos totalmente innovadores, hay que tener ingenio (y mano firme en la mesa de control, si yo tengo que estar al cargo me hubiera dado un infarto) para poder integrarlos de manera tan natural y realista y mucha maña para que todo esté tan bien sincronizado.

Escrita por Fernando Ramírez Baeza y dirigida por Paco Maciá, está interpretada por Pedro Miguel Martínez, José Manuel Seda, Alicia Monesquiu, Javier Collado y Ana Turpin.

Faraday (el buscador) se puede ver en Teatro Galileo (c/ Galileo, 39 — Madrid) hasta el 14 de octubre. Una obra totalmente recomendable para cualquiera que tenga cuenta en Facebook o Twitter.

Crítica: Faraday (el buscador)


En un momento en el que el teatro, por cuestión de presupuesto fundamentalmente, tiende al minimalismo, sorprende encontrarse con una propuesta como Faraday (el buscador). Al menos así me pasa a mí, que cuando me hablaron de una obra de ciencia ficción ambienta en Nueva York me quedé ojiplático. Solo por la curiosidad acudí a ver Faraday (el buscador), dispuesto a enfrentarme a una desgracia teatral. Me alegro profundamente de haberme equivocado en mi pronóstico, porque se trata de una obra totalmente recomendable. Y, ojo, porque a mí por regla general no me gusta la ciencia ficción, pero Faraday (el buscador) me sorprendió y gustó.

Faraday (el buscador) se ubica en el futuro, o puede que en el presente. Tal vez, incluso, ya haya pasado algo así, puesto que nunca nos enteramos del todo de lo que sucede en las sombras del poder. Porque de lo que trata es de una empresa tecnológica que desarrolla un buscador con unas características concretas que no voy a desvelar para no fastidiar la trama. Y yo, que tengo un perfil tecnológico, ya te aviso que no es tanta ficción ni tan imposible, y de hecho ya existen tecnologías parecidas. Y eso hace que la obra sea más inquietante: lo que te presentan como ficción podría ser realidad si una empresa tecnológica como las que de hecho señalan en la propia función se saltara ciertos matices éticos.

Hábilmente, la obra combina este elemento tecnológico y la trama de poder y conspiración que implica con un elemento personal, generando dos hilos de interés totalmente conectados entre sí. En realidad la obra tiene todos los elementos que me gustan, lo cual no tiene por qué significar nada porque esto es un criterio totalmente personal, pero es que esto es una crítica personal. Tiene sus giros, aunque sin sacarse nada de la manga: todos los elementos que se descubren estaban más o menos expuestos desde el principio. Algunos son predecibles, otros sorprenden, pero en cualquier caso el espectador puede jugar a anticiparse e intuir lo que va a suceder porque no hay trampas en la narración. Nota: por trampas en la narración me refiero a cuando en una obra algo se resuelve con un elemento nuevo y hasta entonces desconocido por completo que aparece por sorpresa de manera totalmente inesperada e impredecible; algo que me disgusta en exceso y que en esta obra no sucede.

Destaca especialmente la puesta en escena y el uso de la tecnología. Y no solo la tecnología que hay en el escenario, sino también la que lleva el propio espectador consigo. Encontraremos escenarios minimalistas con una gran pantalla de fondo que se aprovecha al máximo (y cuando veas el primer disparo verás a qué me refiero), de manera ingeniosa y atrevida. Aunque no se trate de recursos totalmente innovadores, hay que tener ingenio (y mano firme en la mesa de control, si yo tengo que estar al cargo me hubiera dado un infarto) para poder integrarlos de manera tan natural y realista y mucha maña para que todo esté tan bien sincronizado.

Escrita por Fernando Ramírez Baeza y dirigida por Paco Maciá, está interpretada por Pedro Miguel Martínez, José Manuel Seda, Alicia Monesquiu, Javier Collado y Ana Turpin.

Faraday (el buscador) se puede ver en Teatro Galileo (c/ Galileo, 39 — Madrid) hasta el 14 de octubre. Una obra totalmente recomendable para cualquiera que tenga cuenta en Facebook o Twitter.



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