Tras pasar por varias salas de teatro de Madrid, actualmente se representa en el teatro Arlequín Gran Vía la obra Bellas y Bestias. Con texto y dirección de Paco Rodríguez, esta obra nos introduce en un mundo tan interesante (y tan complicado de representar) como el de las actrices y los distintos niveles de fama, desde la más efímera hasta el nivel de diva, y por ende la inmortalidad del artista como objetivo último de una carrera artística.

Bellas y Bestias está interpretada por Silvia Gambino, David Carrillo, Sara Gómez, Susana Garrote, José Ygarza, Mariola Peña y Pablo Matesanz. Pero no todos a la vez: son tres actrices y dos actores en el escenario, que van alternándose según la función, ya que como toda gran puesta en escena con largo recorrido tienen la precaución de asegurarse de que pase lo que pase el espectáculo debe continuar. Y es que de eso, precisamente, va la obra: del show must go on. Cabe señalar la colaboración audiovisual, para marcar la acción que sucede fuera de la casa, por parte de Pilar Castro.

Viene aquí un dilema para este que les escribe. Casi siempre que me encanta una obra me encuentro con que contiene una serie de giros y sorpresas que no deberían ser anticipados en una reseña sino que debe ser el espectador quien se encuentre con ellos y disfrute de los mismos. Pero claro, entonces, ¿cómo os cuento por qué me gustó tanto esta obra sin poder contarlo abiertamente? Pues se me ocurre que dando pistas. Digamos que el título de Bellas y Bestiasdescribe perfectamente la obra.

Bellas y Bestias es de esas obras que va de menos a más, lo cual se evidencia porque la historia, pese a ser “del tirón” (con sus correspondientes flashbacks, que producen un buen efecto al aligerar la historia y dotar de manera más clara de un trasfondo a los personajes), tiene un par de giros en concreto que hacen que el espectador piense “ah, que la obra no iba de esto, que al final va de esto otro”. A ver cómo desarrollo esto para que se entienda sin hacer spoiler, que en casa tengo una fama (totalmente injustificada) de no saber guardar un secreto…

La obra arranca con una llamada telefónica en la que se comunica a la diva en declive (Silvia Gambino) que no, que ella no va a ser la seleccionada para protagonizar la película con la que esperaba relanzar su carrera, entre otras cosas porque no da ni de lejos con el perfil. Y entonces llegan las amigas (o más bien compañeras de profesión en el teatro). En este punto, uno piensa que se encuentra en una obra de estas de mesa camilla a la que salva la afilada lengua de las actrices destripándose entre sí, parodiando la fama asociada a la profesión marcada por las envidias y las zancadillas. Ya en sí se me hizo muy interesante el punto de actrices interpretando actrices, todo un género del que soy fan… y del que no hay muchas obras, por cierto. Antes de que la conversación y las cuchilladas verbales lleguen a hacerse redundantes, aparecen dos personajes más y la historia se vuelve más personal, al abrirse los personajes y mostrar al público sus ambiciones más profundas. Y es en ese punto en el que, sin perder la comedia, la obra se hace más sólida. Y hasta ahí puedo contar. Tras una serie de situaciones sucede “algo” muy fuerte (o sea, super fuerte) que sorprende a todos los espectadores y que deja a los personajes en un punto de difícil salida, que desembocará en “otras cosas” igualmente sorprendentes. Y en esta parte de la obra el espectador se encuentra entre la risa y la inquietud por el repentino giro de los acontecimientos y cómo se va resolviendo. Todo esto llevará a un final sorprendente que redunda en la premisa inicial de la obra (y quienes leen mis reseñas saben que me encanta que el final conecte perfectamente con el principio), dejando no solo un buen sabor de boca, sino una reflexión que, a su vez, entronca con un tema que me gusta sobremanera: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar para cumplir tus sueños y en qué manera vas a poder materializarlos?

En resumen, se trata de una obra bien escrita, muy bien llevada por los actores, sobre la fama y la ambición artística en busca del reconocimiento, sobre las estrellas del cine y del teatro que quieren seguir brillando después de su muerte. Bellas y Bestias es una obra muy recomendable para todo tipo de público adulto por la manera en la que expone y lleva a los límites las ambiciones de las artistas que ansían ser inmortales en la memoria de su público.

Puedes ver Bellas y Bestias hasta el 27 de enero de 2019 en el teatro Arlequín Gran Vía (c/ San Bernardo, 5 – Madrid), los viernes (20:00h), sábados (18:00h) y domingos (18:00h).

Crítica: Bellas y Bestias


Tras pasar por varias salas de teatro de Madrid, actualmente se representa en el teatro Arlequín Gran Vía la obra Bellas y Bestias. Con texto y dirección de Paco Rodríguez, esta obra nos introduce en un mundo tan interesante (y tan complicado de representar) como el de las actrices y los distintos niveles de fama, desde la más efímera hasta el nivel de diva, y por ende la inmortalidad del artista como objetivo último de una carrera artística.

Bellas y Bestias está interpretada por Silvia Gambino, David Carrillo, Sara Gómez, Susana Garrote, José Ygarza, Mariola Peña y Pablo Matesanz. Pero no todos a la vez: son tres actrices y dos actores en el escenario, que van alternándose según la función, ya que como toda gran puesta en escena con largo recorrido tienen la precaución de asegurarse de que pase lo que pase el espectáculo debe continuar. Y es que de eso, precisamente, va la obra: del show must go on. Cabe señalar la colaboración audiovisual, para marcar la acción que sucede fuera de la casa, por parte de Pilar Castro.

Viene aquí un dilema para este que les escribe. Casi siempre que me encanta una obra me encuentro con que contiene una serie de giros y sorpresas que no deberían ser anticipados en una reseña sino que debe ser el espectador quien se encuentre con ellos y disfrute de los mismos. Pero claro, entonces, ¿cómo os cuento por qué me gustó tanto esta obra sin poder contarlo abiertamente? Pues se me ocurre que dando pistas. Digamos que el título de Bellas y Bestiasdescribe perfectamente la obra.

Bellas y Bestias es de esas obras que va de menos a más, lo cual se evidencia porque la historia, pese a ser “del tirón” (con sus correspondientes flashbacks, que producen un buen efecto al aligerar la historia y dotar de manera más clara de un trasfondo a los personajes), tiene un par de giros en concreto que hacen que el espectador piense “ah, que la obra no iba de esto, que al final va de esto otro”. A ver cómo desarrollo esto para que se entienda sin hacer spoiler, que en casa tengo una fama (totalmente injustificada) de no saber guardar un secreto…

La obra arranca con una llamada telefónica en la que se comunica a la diva en declive (Silvia Gambino) que no, que ella no va a ser la seleccionada para protagonizar la película con la que esperaba relanzar su carrera, entre otras cosas porque no da ni de lejos con el perfil. Y entonces llegan las amigas (o más bien compañeras de profesión en el teatro). En este punto, uno piensa que se encuentra en una obra de estas de mesa camilla a la que salva la afilada lengua de las actrices destripándose entre sí, parodiando la fama asociada a la profesión marcada por las envidias y las zancadillas. Ya en sí se me hizo muy interesante el punto de actrices interpretando actrices, todo un género del que soy fan… y del que no hay muchas obras, por cierto. Antes de que la conversación y las cuchilladas verbales lleguen a hacerse redundantes, aparecen dos personajes más y la historia se vuelve más personal, al abrirse los personajes y mostrar al público sus ambiciones más profundas. Y es en ese punto en el que, sin perder la comedia, la obra se hace más sólida. Y hasta ahí puedo contar. Tras una serie de situaciones sucede “algo” muy fuerte (o sea, super fuerte) que sorprende a todos los espectadores y que deja a los personajes en un punto de difícil salida, que desembocará en “otras cosas” igualmente sorprendentes. Y en esta parte de la obra el espectador se encuentra entre la risa y la inquietud por el repentino giro de los acontecimientos y cómo se va resolviendo. Todo esto llevará a un final sorprendente que redunda en la premisa inicial de la obra (y quienes leen mis reseñas saben que me encanta que el final conecte perfectamente con el principio), dejando no solo un buen sabor de boca, sino una reflexión que, a su vez, entronca con un tema que me gusta sobremanera: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar para cumplir tus sueños y en qué manera vas a poder materializarlos?

En resumen, se trata de una obra bien escrita, muy bien llevada por los actores, sobre la fama y la ambición artística en busca del reconocimiento, sobre las estrellas del cine y del teatro que quieren seguir brillando después de su muerte. Bellas y Bestias es una obra muy recomendable para todo tipo de público adulto por la manera en la que expone y lleva a los límites las ambiciones de las artistas que ansían ser inmortales en la memoria de su público.

Puedes ver Bellas y Bestias hasta el 27 de enero de 2019 en el teatro Arlequín Gran Vía (c/ San Bernardo, 5 – Madrid), los viernes (20:00h), sábados (18:00h) y domingos (18:00h).


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